El Puro Cuento

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LA ESPERA

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La espera

 Debajo del cielo nebuloso, en cuyo seno no tarda en asomarse un relámpago, yace la extensa llanura toda tierra. No hace mucho que la caravana se detuvo, desconcertada ante el brusco cambio climático. Y es que nadie por piedad les dio el aviso pues se tenía por bien sabida la presencia de la próxima Borrasca, “la peor de la historia” prevista por los sabios del clima, y el tercer pueblo en dar posada ni así se compadeció. Ignorante, un día atrás, la caravana se abrió camino.

      El estruendo celestial que hace vibrar las vajillas de vidrio envueltas en costales apenas si es rozado por el llanto de un niño, un llanto tan estridente que, con cualidad de alfileres, se esparce picando sutilmente a quienes, en unos momentos, darán a conocer los suyos. Con tela manta alrededor de sus cabezas evaden algo de la arena que, en tenues remolinos, se mantiene suspendida. Mas los seis corceles carentes de protección cefálica tienen partículas de arena impregnadas en sus labios negros y miran su entorno de manera nerviosa; acaso se liberen en feroz carrera cual apocalípticas bestias.

      Ese líquido que da brillo a las frentes humanas bien podría confundirse con sudor; sin embargo es la brisa que no se sabe si cae o viene del suelo (aún no puede hablarse de lodo). Con ojos entreabiertos algunos miran de soslayo al cielo; sus pestañas han adoptado un toque albino. Las mujeres abrazan a sus pequeños envueltos en cobijas.

      Y a pesar de la angustia reinante nadie en absoluto ha elevado una plegaria a las Alturas… Y es que nadie por piedad les dio el aviso.

      Inútil continuar el viaje. Habrá que formarse paraísos improvisados. Ni una sola roca protectora. Demasiado bajo como para esperanzarse en una Arca.

      En vista sólo polvo y miedo. En oído el estruendo incesante y esa incertidumbre que, en llanto infantil, adopta al sonido. En olfato, más que tela manta, domina el olor a barro fresco. En sabor la amargura propia del recelo; y en tacto, viento frío.

      Esté o no condenada la multitud la Borrasca vendrá, inexorable, con la misma carencia de piedad que la de los fanáticos del tercer pueblo, y por nada dará el aviso de su presencia.

      Así que los cuerpos en cuyo interior fluye adrenalina, esperan…

 

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