El Puro Cuento

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Final de cola

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Era una cola enorme, tan larga como doce calles seguidas. De lejos parecía un gusano retorcido con sus colores predominantemente azules, marrones y violetas. Ya de cerca me intrigó una cosa. En la fila sólo había gentes mayores, ancianos de toda condición, lustrosos, verdes, algunos todavía con la corbata recién desempacada. Me acerqué despacio como hacen los intrusos. Entonces descubrí algo más intrigante. Ningún anciano hablaba, mantenían sus bocas cerradas a cal y canto. ¿Qué será? Me dije ¿por qué apenas se tocan con la punta de los dedos para avanzar?. Traté de averiguar, traté de llegar hasta el principio a fin de saber, pero algunos viejos de la fila me tomaron por las manos y jadeantes me indicaron a señas que hiciera cola como todos. Mas yo no iba a dejarme intimidar por unos señores tan pasados de tiempo, así que caminé hasta llegar a donde se encontraban los primeros, quienes se introducían por una puerta obscura. En la entrada había un guardia joven vestido de rojo, inmediatamente tuve la certeza de que este señor seguramente sí me respondería:

_Disculpe señor ¿a dónde van estos ancianos?. ¿Qué hay detrás de la puerta?

_El abismo.

 

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