El Puro Cuento

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eróticas

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"Modesto, deja de lavar los platos. Quiero pedirte un favor”

“Dime Maura”

“Necesito que me veas orinar”

“Me dejas perplejo. Nunca me habían pedido algo así, pero acepto”

Modesto la tomó de la mano y la condujo hasta una maceta con hierbas de caléndula.

“Aquí está bien”

“Sin perder tiempo, Maura se levantó la falda hasta el mentón, extendió las piernas, echó el vientre hacia adelante y con la respiración agitada dejó salir un chorro dorado, trémulo”.

Modesto permaneció en su sitio completamente anonadado. Se quedó mirando el pequeño brote de espuma que iba reventando y poco a poco era absorbido por la tierra. Ni siquiera el poema más excelso de Neruda le habría provocado un efecto a los sentidos tan demoledor. Haría falta un látigo de caballo para volverlo del trance. Maura en cambio parecía disfrutar el embeleso con la huella indeleble del capricho recién cumplido. Ni siquiera miró a Modesto cuando volvió a acomodarse sus ropas y fue a jugar con Óscar, su hijo, como si nada hubiera ocurrido.

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« ...lo más importante nunca se cuenta. La historia secreta se construye con lo no dicho, con el sobrentendido y la alusión».

Ricardo Pligia